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Mi calvario comienza en el año 1998, en
los meses de julio o agosto aproximadamente cuando de
repente sentía una tos muy persistente y por más jarabes
que tomaba ninguno me la quitaba.
Un día mi esposa Ana Peralta me dijo: ”a mí no me está
gustando esa tos, vamos hacerte una radiografía”, por lo
que fuimos donde un médico internista conocido de ella y
él me indicó una radiografía de tórax.
Cuando me entregaron esos resultados el médico vio algo
anormal en mi pulmón derecho, entonces me indicó una
tomografía y en la misma se reflejó una sombra en el
pulmón. Este médico me refirió a un neumólogo y éste de
inmediato me indicó una biopsia, la palabra es bonita
pero no quisieran ustedes que se la hagan por lo
dolorosa que es, y para mi mala suerte, al otro día hubo
que repetir nuevamente la biopsia, para la que me
penetraron una aguja como del largo de un lápiz Mirado
#2, hasta el pulmón, no quisieran saber ustedes el mareo
y la tos que me produjo ese estudio.
Luego de arrojara positivo, o sea, cáncer de pulmón, no
quisieran ustedes saber el dolor y la angustia que esa
noticia produjo en el seno de mi familia, en mis amigos
y en todos mis compañeros de trabajo.
Después de esa noticia mi esposa me llevó donde el
doctor Eduardo Segura y cuando ese señor me miró por
primera vez me pareció como una sentencia de muerte por
la forma tan poco gentil con que él acostumbra a tratar
a sus pacientes.
A mi esposa le dijeron que yo no podía ser operado, que
mi única salvación era darme quimio para ver si el tumor
cedía. Después de dos citas de quimioterapia me hice
una tomografía y ya el tumor había cedido un poco y los
médicos decía que ese tratamiento iba para largo.
En el mes de febrero del 1999, Ana en conversación con
la distinguida señora Milagros de De León le contó mi
caso y ella con mucho amor le dijo que pertenecía aun
grupo de oración, que no dejara de llevarme y de
inmediato me llevó y allí tuve el sumo placer de conocer
al seminarista y ahora padre Darío Bencosme; también
conocí a Doña Norma y esposo, Clara, Rafaelina, el Lic.
Darío, Don Rafael, Doña Estela y a su difunto esposo.
Odilis y Alexandra, entre otros. Quiero resaltar que
desde el primer día que asistí, desde ese día me sentí
curado, por tan sólo sentir el apoyo, el cariño y la
devoción con que me oraron en múltiples ocasiones.
Hubo una noche, en que un día anterior se me había dado
quimioterapia, y yo me sentía tan mal y tan débil que mi
esposa Ana me dijo:” levántate que vamos para el grupo”
y le contesté:” yo quisiera ir pero no me siente con
fuerza”; luego que pasó como una hora sentí esa mejoría
como si no me pasara nada y cuando Ana llegó del grupo
le dije:” pero Ana, yo he sentido una mejoría de un
momento a otro después que te fuiste, si me imagino esto
no falto”. Ana le dio gracias al Espíritu Santo porque
El me había tocado, pues, mira la Sra. Clara evocando el
dulce nombre de Jesús dijo que en ese momento Jesús
estaba tocando mi puerta y que me estaba curando; y yo
les doy fiel testimonio de que esa oración al igual que
la tantas que hicieron y han seguido haciendo han
llegado hacia mí.
Que Dios bendiga a nuestro grupo “Nuestra Señora de la
Altagracia” y a ese excelentísimo grupo que lo dirige
encabezado por el enviado del Señor P. Darío Bencosme,
que Dios los bendiga a todos.
José Adriano Rivas Ramírez |